por Celia Dosio

Actor y Director. Estudio en la Escuela de Teatro de Buenos Aires (E.T.B.A.) con Raúl Serrano. Se perfeccionó en Dirección y Puesta en Escena con Lorenzo Quinteros, Salvador Amore y Julio Ordano. Es el director de El petiso orejudo, actualmente en cartel por la compañía Araca Grup los viernes en La Tertulia. 

 

Cinco puertas, de Omar Pacheco 

Cuando vine a estudiar a Buenos Aires me encontré con un estilo de puesta que desconocía, que estaba fuera de mi registro. En ese entonces me dejé llevar por los rincones del barrio de Balvanera donde descubrí al Grupo Teatro Libre, que se presentaba en La otra Orilla. No recuerdo bien cómo es que me enteré de la Trilogía del Genocidio, dirigida por Omar Pacheco. Lo cierto es que me instalé durante todo un fin de semana para disfrutar de las 3 obras que la componían: “Memoria”, “Cinco puertas” y “Cautiverio”. Del conjunto, “Cinco Puertas” logró un efecto en mí que aún no sé cómo explicar. Y me sigue retroalimentando cada vez que realizo una puesta propia. Habrá sido la magia de Lito Vitale sonando en el aire, entre cuerpos desnudos que, por cada apagón, aparecían y desaparecían de sus ataúdes. Un espectáculo terroríficamente singular.

 

Dos pasos de Paz, dos pasos de guerra, de Reynaldo Disla. Realizada por el grupo La Empresa Humana

A esta obra la fui a ver dos veces: la primera estaba solo. Cuando terminó el espectáculo sentí la necesidad de volver a casa caminando. Luego quise contarles a mis colegas que era una puesta digna de ver. Así fue como a la semana siguiente volví al teatro, esta vez acompañado. Una de esas obras que te marcan por lo concreto de la puesta, con un estilo oscuro y sombrío, que con pocos elementos lograron crear diferentes situaciones y espacios dentro de un mismo escenario. Un gran trabajo de equipo.

 

Fiore di merda, de Paco Giménez y su grupo La Noche en Vela

Gracias a esta obra comencé a tener como referente al grupo “La noche en vela” y a su director Paco Giménez. Fiore di Merda fue una obra que me inspiró investigar un poco más sobre el cineasta y escritor italiano Pier Paolo Pasolini, de quien solo conocía un par de películas. El día de la función bajé del colectivo de la línea 64; caminé por la vereda de la vuelta de Rocha, contemplando un paisaje tan nuestro; llegué al Teatro de la Rivera y me quedé observando el mural de Quinquela Martín. Una vez que comenzó la función todo tuvo que ver con todo. Y lo que yo estaba experimentando en el teatro, ya se había vivido en la Italia de Pasolini, con los olores y los paisajes tan parecidos a los que advertí momentos antes de entrar a la sala. Una obra que me sedujo con sus metáforas escénicas; por ejemplo, verme sorprendido contemplando una escalera que subía y bajaba en el escenario, como si fuera un gran acto de deseos sexuales, o unos adolescentes que se encontraban para darse sus primeros besos dentro de una zanja, que tiempo atrás había servido de trinchera de guerra. Todo, la actuación, la escenografía y la dirección hicieron que esta puesta la recuerde cada vez que leo o miro alguna película de Pasolini.

 

Lo frío y lo caliente, de Pacho O'Donnell por el Grupo Carne de Crítica 

Esta versión, de un buen humor negro como no podía ser de otra manera, realizada por el grupo Carne de Crítica fue una puesta realmente muy interesante. Recuerdo en particular la escenografía: unos percheros cubiertos de telas o papeles blancos, cada uno con un dibujo diferente a saber: un velador, un televisor, una mesa, etc. Esa simpleza repleta de convenciones, sumada a las grandes actuaciones de Pasos y Pesqueira, junto a la dirección de Carlo Argento, me demostraron que con poco se puede hacer mucho y que todo es cuestión de creatividad.

 

O.W. (Oscar Wilde), de Julio Ordano 

Julio Ordano ha sido y es, para mí, un gran referente como director. Ya en su rol de profesor había captado mi atención, pero necesitaba ver sus enseñanzas, su estética en el escenario. Cuando fui a ver O.W. me encontré con algo más que el juicio a Oscar Wilde: era una puesta movediza que recorría la historia, los pensamientos y las letras del escritor. Destaco lo lúdico de la puesta y de la capacidad para introducir al espectador en la vida del personaje.

 

BONUS TRACK - El niño argentino, de Mauricio Kartun

Quería recordar esta obra porque me pareció muy prolija. El niño argentino logró hacerme viajar en ese barco, en esa bodega, o querer salir a cubierta y ver qué pasa en la superficie. Una puesta genial, con música en vivo, y con grandes actuaciones que pudieron concebir todo un mundo desde un texto muy difícil de hacer. El trabajo de Kartun enriqueció mi visión sobre cómo contar historias. Me demostró que un relato por más mínimo que sea puede tener un trasfondo mucho mayor. Todo depende de cómo se cuente.

 

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